LA CIUDAD COMO FUENTE DE EXPERIENCIAS PEDAGÓGICAS: EL TRABAJO DE URBE CAMINANTE.

Es así de simple. Nos gusta visitar historias como las de un barrio construido en los años veinte, o como la de un líder político que conmovió a varias generaciones de colombianos, o acaso la de un reciclador que lee los secretos de nuestras basuras una y otra vez.

Para nadie es un secreto que las ciudades albergan múltiples facetas: algunas más encantadoras o comerciales que otras; unas más evidentes y otras más escondidas. Incluso, si llegamos al extremo, podríamos decir que cada uno tiene su propia ciudad que habita y redefine de acuerdo al acontecer cotidiano y que, para cada uno de sus habitantes, la ciudad está conformada por espacios llenos de significados y recuerdos. No obstante, todo lo anterior no se reduce a anécdotas personales. El mapa imaginario que todos tenemos en la cabeza sobre nuestra propia ciudad está repleto de impresiones de todo tipo, algunas heredadas, otras construidas por nosotros mismos, algunas basadas en experiencias y otras en especulaciones o en el miedo a lo desconocido. Lo cierto de todo es que la mayoría de nosotros no conocemos sino una parte muy pequeña y unas facetas muy especificas del lugar donde habitamos.

Así las cosas, día a día nos perdemos de la riqueza de los espacios que habitamos y poblamos, privándonos de explotar sus diversos aspectos. Bogotá ha sido un escenario privilegiado de la historia del país. Un lugar en el que aún podemos leer muchas huellas de la historia; huellas que se vuelven invisibles ante nuestro paso cotidiano. Sólo hace falta “ponerse las gafas” de explorador, mirar con ojos curiosos las calles, los edificios y las personas que vemos a diario. En esto consiste específicamente el trabajo de Urbe Caminante. Esta Fundación se dedica a revelar lo evidente en la ciudad de Bogotá, a contar lo olvidado, a ver lo que se encuentra detrás del telón de la fachada capitalina, lo que todos presentimos pero nadie sabe a ciencia cierta cómo funciona. Todo esto con una función muy específica: explotar el potencial pedagógico de los escenarios para hacer más tangibles y más reales las historias que aparecen en los libros con tanta circunspección, para darle posibilidades de reflexión más tangibles a cosas que suceden y que sucedieron pero que nos cuestan trabajo entender en el papel o en el tablero.


¡Sí! Es cierto. Lo que hacemos no tiene nada de extraordinario, ni de sobrenatural, ni de complejo: solo paseamos por las mismas calles y por los mismos sitios que usted pudo visitar tomando un bus, un transmilenio o caminando. Tal vez ya haya visto por La Candelaria, Corabastos, o el Cementerio Central (si pasa por estos lugares con frecuencia) a un grupo de jóvenes echando cuentos, contando anécdotas, entrevistando gente, sólo para intentar poner unas “gafas” diferentes en los ojos de nuestros acompañantes, para intentar revelar los testimonios ocultos detrás de las cosas que simplemente están ahí, y que de tanto estar ya no vemos ni escuchamos.

Nuestros recorridos tienen que ver con la historia, desde la prehispánica hasta la contemporánea; con recorridos como el circuito Colonial, el Republicano, el del 9 de Abril o el de Sucesos Urbanos; también con la economía y urbanismo como el de Contrastes o el de los Servicios Públicos; o con política como la Ruta Democrática. En general, la idea es exponerse a testimonios tangibles, reales y concretos, a sensaciones y experiencias que rompan con la percepción homogénea que nos da la cotidianidad sobre los espacios, y de esta manera generar nuevas reflexiones o inquietudes rompiendo los moldes basados en el miedo, los chismes o la especulación.

Sólo de esta manera creemos que es posible entender esta complejidad que se entreteje en nuestras calles, sólo enfrentándonos con la dificultad explicativa que esta realidad plantea podemos considerar a una ciudad más allá de la simplificación cotidiana y fácil de lo bueno y lo malo, o de los “los buenos” y “los malos”.

Sin lugar a duda es ésta nuestra ambición: mostrar un poquito de realidad en un paseo cotidiano, un poquito de complejidad, un poquito de historia; presentarles unas “gafas” diferentes a las personas que salen con nosotros para que tengan la posibilidad de colocárselas con más frecuencia, dándoles la posibilidad de conocer sitios nuevos y fascinantes en lugares conocidos y cotidianos, invitando a la reflexión y al re-conocimiento.

Rossana Sánchez

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